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NUEVA GENÉTICA Y NUEVOS NEGOCIOS PARA UNA DE LAS MAYORES EMPRESAS DE SIEMBRA DE LA ARGENTINA

Actualizado: jun 3

  • ManAgro SA, con base en Pergamino, trabaja 60.000 hectáreas en distintas regiones del país.

  • La genética de Stine le permitió crecer con la siembra de maíz en la Patagonia y hacer acuerdos estratégicos con la industria avícola en Entre Ríos. También expandirse en ambientes de altas productividad.

  • En esta nota, su responsable, Diego Sánchez Granel, cuenta por qué considera central que haya nueva oferta de genética en el país y el vínculo estrecho que construyeron con el semillero.



Venado Tuerto, 29 de mayo de 2019 - “El rendimiento siempre es buen negocio”. Con estas pocas palabras, Diego Sánchez Granel, socio y máximo gerente de ManAgro SA, una de las empresas de producción agrícola más grandes y dinámicas del país, define el objetivo que buscan cuando eligen la genética que siembran en distintas regiones argentinas.


Ese objetivo vincula estrechamente a ManAgro con Stine, cuyo norte es, desde siempre, el rinde. Pero hay muchos puntos más que unen a ambas compañías, que tienen una historia en común que vale la pena recorrer.


ManAgro es una empresa que tiene más de 40 años en el mercado y, desde su base en Pergamino, gestiona todo el abanico del negocio agrícola, desde la siembra hasta la comercialización de los granos, tanto en campos propios como alquilados, sobre un área total de 60.000 hectáreas, aproximadamente.


Esa superficie sembrada con soja, maíz, trigo y girasol se reparte entre Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe, Santiago del Estero, Chaco y La Pampa. Son seis provincias que implican ocho regiones agroclimáticas diferentes, lo que les permite reducir el riesgo asociado a ese aspecto del negocio.


El vínculo con Stine comenzó a gestarse, quizás sin saberlo, en la campaña 2014/15, cuando ManAgro inició el desarrollo de un proyecto para sembrar maíz bajo riego en la zona de Carmen de Patagones, sobre el río Negro.


“Una de las principales limitantes que teníamos allí era que no existían en la Argentina materiales con unos 100 días de ciclo, adaptados para esa zona patagónica”, recuerda Sánchez Granel. Y agrega que le plantearon el problema a Ignacio Rosasco, el CEO de Stine en Argentina, quien les aportó híbridos desarrollados por el semillero en EE.UU. con esas características, que los entusiasmaron.


“Tenían niveles de rendimientos muy interesantes comparados con la genética que estábamos usando y con un ciclo muy apropiado para la zona”, recordó el responsable de ManAgro.


Luego de esa exitosa experiencia, pensaron que sería una buena idea utilizar esos híbridos de ciclo corto en los campos que siembran en Entre Ríos, donde la industria avícola constituye un importante factor de demanda para los productores maiceros.


En la provincia mesopotámica, la mayor parte del maíz se cosecha a partir de mediados de febrero y hasta la segunda quincena de marzo. En ese momento, los “polleros” pueden abastecerse sin problema, pero antes tienen que “importar” de otras provincias, incluso pagando sobreprecios sensibles.


Sánchez Granel vio allí otra gran oportunidad para los híbridos de ciclo corto de Stine. “Con maíces precoces pudimos cosechar a fines de enero, hacer acuerdos con importantes empresas de la industria avícola para proveerlos de maíz cuando más lo necesitan, a buenos precios, y hasta sembrar una soja tardía en algunos casos”, revela.


En esta campaña sembraron el híbrido ST 9734-20 de Stine, que rindió cerca de 7.000 kg/ha, un buen nivel para la provincia. “La tasa de secado es muy veloz en estos materiales de 105 días de ciclo. De esta manera, comenzamos a vender nuestro maíz al menos 15 días antes de que llegara el resto del cereal al mercado”, describe el responsable de ManAgro.


Pero, más allá de esos nichos, como la Patagonia o los ambientes no top de Entre Ríos, Stine tiene genética que les rindió muy bien también en zonas de mayor productividad.



“Es un semillero que te abre la oportunidad para hacer cosas nuevas. Por ejemplo, este es el segundo año en que sembramos el híbrido 120-19 BT, al que llaman La Bestia, en los mejores ambientes, donde hay mucha genética competitiva, y la verdad es que nos fue muy bien”, explica Sánchez Granel.


Este ingeniero agrónomo de Pergamino detalla que La Bestia “fue el ganador en rendimiento en sus planteos, por ejemplo en el oeste de Buenos Aires, donde nos dio altísimos rendimientos, cercanos a los 13.000 kilos. Por eso, este año pensamos utilizarlo en otras zonas en las que también sembramos”.


El ejecutivo está convencido de que “el rendimiento es el inductor del crecimiento en la agricultura. Y en todas las zonas, cada vez que tuvimos alguna traba para seguir creciendo, la genética nos ayudó a resolver el problema”, sostiene Sánchez Granel.


Pero el responsable de ManAgro valora mucho, además, el tipo de vínculo que construyó con Stine y sus directivos. “Armaron un equipo local que conoce a fondo el negocio y está siempre disponible para buscar las soluciones que necesitamos”, reconoció.


Hacia el futuro ve muchas oportunidades para seguir creciendo juntos. “Por la genética que tienen de Estados Unidos en soja y lo que hemos visto en maíz, nos entusiasma enormemente saber que lo vamos a tener disponible en la Argentina, con adaptación local”, afirma.


Invitado por el semillero, Sánchez Granel visitó la sede central de Stine en Iowa, en pleno “Corn Belt” de los Estados Unidos. “Estuvimos con el dueño de la compañía, Harry Stine, y vimos que tiene los ensayos al lado de su oficina. Nos dimos cuenta de que es un productor y entiende el negocio de punta a punta. Además tiene una visión de largo plazo, que es lo que necesitamos en esta actividad y en la Argentina”.


Para el responsable de ManAgro es muy bueno que haya más oferta de genética en los dos principales cultivos del país. Y, además, que esto venga de la mano de Stine. Así lo explica: “Para nosotros son muy importantes las relaciones confiables. Stine mantiene el espíritu de una empresa no burocrática: se trata con personas para hacer negocios. De esta manera, pueden entender las necesidades que tenemos y nos agregarnos valor mutuamente. No es poco”.

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